La medicina estética del bienestar, liderada por la Dra. Sofía Ruiz del Cueto, se encarga de restituir la coherencia física y emocional, sin necesidad de transformar las facciones.
Piel y emociones
El envejecimiento implica cambios simultáneos en la estructura ósea (reabsorción), los paquetes grasos (atrofia, desplazamiento), los ligamentos (aflojamiento), las fascias (pérdida soporte) y la piel (adelgazamiento), que se producen de forma natural con el paso del tiempo y modifican las facciones dando lugar a una imagen que dejamos de reconocer frente al espejo por su aspecto cansado, triste o crispado.
A veces no se trata de quitar años ni de borrar las arrugas, sino de devolver la coherencia al rostro. Mucho más importante según la Dra. Sofía Ruiz del Cueto, “es entender como envejece cada persona y qué puede hacerse para preservar calidad, función y naturalidad a largo plazo”.
El lenguaje de los gestos
No siempre la cara es el espejo del alma, aunque a menudo refleje los gestos que repetimos. La mímica facial que marca la piel y transforma las facciones, es una escritura que se interpreta a nivel inconsciente de distintas maneras:
· Signos de tristeza: las comisuras descendidas, las líneas de marioneta y la reducción de la línea malar a nivel de pómulo, proyectan un aire melancólico que se relaciona con la orientación vertical de la cara.
· Signos de cansancio: relacionados sobre todo con la mirada, se deben a la reabsorción ósea y a la pérdida de grasa alrededor de los ojos, que producen ojeras, surco marcado y hundido. Los párpados caídos por distensión cutánea, la presencia de arrugas o patas de gallo y el descenso de la cola de la ceja redundan en su apariencia fatigada.
· Signos de enfado o crispación: se corresponden con las arrugas marcadas en el entrecejo, producto de la repetida contracción de los músculos prócer y corrugador. Dinámicas al principio y permanentes cuando pasan los años, contribuyen a expresar enfado o preocupación.
«No me reconozco»
Se trata de una queja común que se produce en consulta con la misma frecuencia del “me veo cansada”, “tengo cara de tristeza”, “parezco enfadada” o “mi gesto ha cambiado”. En realidad, pone de manifiesto la inquietud de muchas pacientes que asumen el cambio, pero aspiran a transitar por los años con armonía, sin modificar las facciones. La respuesta de la Dra. Sofía Ruiz del Cueto frente a estas situaciones es clara.
“Una buena medicina estética -explica- no borra todas las arrugas. Tampoco hincha a la paciente, no altera su expresión y no inventa rasgos que no le pertenecen. Se trata de entender qué ha cambiado, por qué lo ha hecho y cómo puede corregirse de forma proporcionada” Desde esta perspectiva, el Modelo +Cueto parte de una estrategia global, que tiene en cuenta la anatomía, la edad, la calidad de piel, la expresión, el grado de flacidez, el estado de los tejidos y las expectativas de la paciente.
“El rostro no se debe tratar por zonas sueltas, sino como una estructura global. Cuando se actúa sobre un solo rasgo, sin entender el conjunto, es fácil perder la armonía. La naturalidad depende tanto de lo que hacemos, como de lo que decidimos no hacer” afirma la especialista.
La medicina estética inteligente
No se practica a salto de mata, con un retoque aquí y otro allá. Este tipo de práctica no evita el desarrollo insidioso de los signos que nos ponen cara de tristeza o amargura aunque a menudo los disimulen. Por el contrario, requiere una estrategia integral y coherente, que debe plantearse a largo plazo y con revisiones periódicas que permitan al especialista hacer un seguimiento de la evolución facial e intervenir antes de que se manifiesten.
Así se concibe en la clínica +Cueto, cuyo modelo se basa en las 3 “R” de REPARAR, REGENERAR Y REMODELAR. Se trata de una estrategia inside-out que no transforma, pero evita el marcaje cutáneo de los gestos indeseados desde su origen, en la estructura misma del tejido. Los pasos a seguir para evitarlos requieren:
· Diagnóstico preciso: escucha activa que se apoya en herramientas de inteligencia artificial para diferenciar entre lo que necesita reparación, regeneración o reposicionamiento.
· Decisiones proporcionadas: mediante planes clínicos personalizados, medidos y realistas, que se diseñan por fases, ajustando los tiempos y estableciendo prioridades.
· Seguimiento: entendido como una manera de acompañar a la paciente en el tiempo, ajustando los protocolos para prevenir sin transformar e intervenir antes de que un cambio indeseado transforme nuestro gesto.
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