El Carnaval, más allá de ser una festividad alegre y divertida, ofrece una rica metáfora psicológica que nos invita a reflexionar sobre la naturaleza de la identidad humana y las múltiples «máscaras» que adoptamos en nuestra vida cotidiana.
Durante el Carnaval, las personas se sumergen en la experiencia de la transformación a través del uso de máscaras y disfraces. Este acto de ocultar y revelar simultáneamente aspectos de uno mismo puede interpretarse como una representación de cómo nos presentamos al mundo: ¿qué partes de nuestra identidad mostramos y cuáles mantenemos ocultas, tanto a los demás como a nosotros mismos?
La psicología ha explorado ampliamente este fenómeno, y estudios como los de Goffman (1959) sobre la presentación del yo en la vida cotidiana refuerzan la idea de que la identidad se construye en un equilibrio entre lo que mostramos y lo que reservamos para nuestro espacio interno.
Las máscaras que usamos cada día
Más allá de las máscaras físicas del Carnaval, en la vida cotidiana asumimos diferentes roles: profesionales, familiares, sociales. Estos roles actúan como máscaras que, en ocasiones, pueden alejarnos de nuestra verdadera esencia. La necesidad de ser aceptados o el temor al rechazo pueden llevarnos a adoptar roles que no reflejan completamente nuestra verdadera identidad. En este sentido, Carl Jung hablaba del concepto de «persona», la fachada social que mostramos al mundo, diferenciándola de nuestra «sombra», las partes de nosotros que reprimimos o ignoramos (Jung, 1953).
“Los psicólogos debatimos frecuentemente el conflicto entre la autenticidad y la necesidad de pertenencia. El miedo al juicio social puede impulsarnos a moldear nuestra imagen para encajar en determinadas expectativas», explica Silvia Dal Ben, psicóloga y Clinical Manager de Unobravo en España. «El Carnaval nos ofrece un espacio de libertad donde estas normas se suspenden temporalmente, permitiéndonos explorar facetas ocultas de nuestra personalidad”.
Sin embargo, en nuestra vida diaria, ¿cuánto nos permitimos ser realmente nosotros mismos? La investigación en psicología social, como la de Baumeister (1995) sobre la identidad y la autoexpresión, sugiere que encontrar un equilibrio entre autenticidad y adaptación es clave para el bienestar psicológico.
El Carnaval y la suspensión de las reglas
La festividad del Carnaval representa un momento de ruptura con la rutina y las normas sociales, una oportunidad para explorar nuevos aspectos de uno mismo. «Este periodo de desinhibición crea una situación excepcional en la que se permite manifestar aquello que en un momento dado no se podría», señala Dal Ben.
«Esto puede tener una función liberadora, pero también nos lleva a reflexionar sobre cuánto nos condicionan las expectativas externas el resto del año». La teoría de la desinhibición social (Zimbardo, 1969) apoya esta idea explicando que, en ciertos contextos festivos, la pérdida de restricciones sociales puede ayudar a la expresión de partes reprimidas de la identidad.
La psicología contemporánea subraya que no tenemos una única identidad fija, sino que somos un conjunto de partes que coexisten. «Aceptar nuestra complejidad sin rigidez nos permite vivir con mayor autenticidad y bienestar», concluye Silvia Dal Ben. El Carnaval nos recuerda que la identidad no es un ente estático, sino una construcción fluida que podemos explorar y enriquecer».
Para quienes deseen profundizar en su autoconocimiento, aquí algunas preguntas de autoexploración que pueden trabajarse con un psicólogo:
- ¿Qué «máscaras» uso en mi vida cotidiana?
Las máscaras que usamos pueden variar según el contexto en el que nos encontremos. A veces adoptamos una personalidad más seria en el trabajo y una más relajada en casa. Identificar estas máscaras nos ayuda a entender si nos sentimos cómodos con ellas o si nos alejan de nuestra autenticidad. - ¿Cuándo me siento realmente auténtico/a?
La autenticidad suele emerger cuando no sentimos la presión de encajar en una imagen prefabricada. Momentos en los que estamos con personas de confianza, cuando realizamos actividades que nos apasionan o cuando expresamos nuestras opiniones sin miedo al juicio pueden ser indicios de nuestra verdadera identidad. - ¿Hay aspectos de mí que me gustaría expresar más?
Muchas veces reprimimos ciertas partes de nosotros por miedo al rechazo o al qué dirán. Reflexionar sobre qué aspectos de nuestra personalidad no mostramos con frecuencia y por qué nos permite avanzar hacia una vida más alineada con nuestra esencia. - ¿Cómo puedo equilibrar autenticidad y adaptación social sin perder mi verdadero yo? Encontrar un equilibrio entre ser auténtico y adaptarse socialmente implica ser consciente de nuestras necesidades y valores. Es posible adaptarse sin perder la esencia si establecemos límites claros y seleccionamos cuidadosamente los espacios y relaciones en los que podamos ser nosotros mismos sin renunciar a nuestro bienestar.
El Carnaval nos da la oportunidad de jugar con nuestra identidad, pero también nos invita a reflexionar sobre cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con los demás el resto del año. El gran reto de la psicología es acompañar a las personas en este viaje de autodescubrimiento y aceptación.
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